sábado, 10 de octubre de 2015

Emigrando por un sueño

Hace 5 años Gino empezó a viajar desde su país Perú, para dedicarse al comercio ambulante y así mantener a su esposa e hijo. Influenciado por su padre, Gino decidió venirse de forma definitiva a Chile y viajar por todo el país ofreciendo sus productos, con la esperanza de algún día cumplir sus sueños.


Gino Rivas nació hace 33 años, en Lima. Su vida es distinta a la que tiene en sus sueños. Pero eso no lo desanima.

Llegó a Viña del Mar el mes de febrero del presente año (lleva casi siete meses viviendo definitivamente en Chile), dedicado al comercio ambulante, ofreciendo distintos productos como “las ruedas para hacer mándalas” o “la pizarra mágica”.

Gino estudió para ser chef, pero el destino lo puso en una posición distinta. Dedicado hace cinco años al comercio ambulante en el norte de Chile, pero volviendo constantemente a Perú, su país de origen. Vendía videos educativos para mantener a su esposa y su hijo de seis años: Daniel. Hoy, intenta ahorrar para cumplir un sueño personal que lleva en su cabeza por décadas. Nunca se desanima, él afirma: “Si tan solo trabajara para lo quiero, quizás ya lo habría logrado, pero de que vale ganarse la gloria y no tener con quien compartirla, ni cumplir con sus responsabilidades”.


Cuando Gino recapitula como llegó al país, recuerda el cambio de alcalde que hubo en Lima. Esto provocó la eliminación de gran parte del comercio ambulante de la ciudad y la emigración de muchos al norte de nuestro país. Motivado por su padre -que hace casi 30 años que vive en Chile-, Gino decidió venirse de forma definitiva. Es decir, conseguir una residencia y los documentos para ello. Así partió con una gran cantidad de videos educativos a Antofagasta. Sin embargo llegando a la frontera, sus videos serían requisados por leyes internas.

En país ajeno, con poco dinero, sin mercadería. Tomó su guitarra y comenzó a tocar en las micros para recuperarse. Pero no pudo. Regresó a Lima donde un familiar quien le prestó aproximadamente “unos doscientos mil chilenos”.

Gino afirma que “Dios bendice de alguna manera”. -Soñar no cuesta nada- Dice riendo previo a comentar su aspiración de tener un restaurante “a todo dar” donde haya música, que él mismo pueda interpretar. “Si me caigo cien veces, me levantaré ciento uno”, y para ese sueño vive. Además de su familia.

Desde diciembre que no los ve, espera hacerlo en uno o dos meses más, ya que debe concretar sus trámites de residencia.

 Gino se considera un viajero, sostiene que si tiene que ir a Arica a vender porque sabe que hay alguna feria, lo hará. Si tiene que ir al otro extremo, Punta Arenas, también lo hará. El confía en Dios, y acepta su condición de emigrante.

El cuenta que hace cinco años aproximadamente, escuchó una predica que le cambió la vida, la historia de José, joven humilde que por destino adverso fue sometido a la esclavitud en Egipto. José nunca dejó de creer en Dios y fue bendecido con el don de interpretar los sueños, convirtiéndose en la mano derecha del Faraón.

Gino cree que siendo humilde y confiando en Dios, algún día cumplirá su sueño. No sabe cuánto tiempo falta para eso, pero no le importa, pues aún le quedan muchas “pizarras mágicas” y “ruedas” por vender.

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