La criatura ataca sin previo aviso
no es la primera vez que me atormenta
su mirada es profunda, oscura, inquieta
y entonces la veo y lloro y suplico y grito.
Esto es rutina.
Abre los dientes enseñando sus colmillos filosos
Esta colérica, y aunque su drama teatral reiterativo se revuelve en mi memoria
me desespero.
La amapola me mira y se ruboriza, ella sufre porque tengo su olor
pero yo me volteo
y miro a el jazmín
y miro al clavel
y miro a el alelí
y miro a la violeta
y miro al tulipan
y miro tu corazón
y vuelvo a a mirar a la amapola y lloro
porque yo quiero amapola
pero a la rosa la amo.
Y entonces grito,
y la Prueba Superior Una vez que comienza no acaba
repercute para siempre
presiona sus colmillos en mi piel
y entonces mi carne se desgarra y no puedo huir.
Ella viene en la soledad de la noche, en las noches de luna menguante
me apuñala y escapa
solo son tribulaciones me digo
pero no es mi mente.
Si muero quiero que sepas que no morí a propósito
que la marea estaba muy alta y las olas me llevaron al cielo oscuro del reino olvidado
que mis entrañas se las comieron los buitres
pero yo estaba vivo
aunque hubiese muerto
la criatura no seco mi piel
yo volveré
te lo prometo
yo llegare
yo me alzare
retornare
no moriré
ascenderé
yo viviré
y comeré, y naceré, y escribiré.
La criatura se fue.
Pero sé que volverá.
Poema escrito en noviembre del 2014 y publicado originalmente en el rincón literario de la Revista Juvenil: RanKomix año 1 #1 (marzo 2015)
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